El clavadista mexicano Osmar Olvera Ibarra ha elevado el nombre de México en lo más alto del trampolín mundial. Apenas con 21 años, este prodigio capitalino se coronó campeón en la plataforma de 3 metros en el Mundial de Deportes Acuáticos Singapur 2025, rompiendo una racha imbatible de China que se prolongaba por casi dos décadas.
Desde los primeros saltos, Olvera impuso su presencia. Aunque un tercer clavado fallido lo relegó momentáneamente, respondió con una cuarta ronda de ensueño: un cuádruple mortal y medio encogido, puntuado con 102.60 puntos, la nota más alta de la competencia. En su última ejecución, aseguró su ventaja con un doble mortal y medio adelante con tres tirabuzones: 97.50 que sellaron su victoria con 529.55 unidades totales frente a los legendarios chinos Cao Yuan (522.70) y Wang Zongyuan (515.55).
Este triunfo no es un hecho aislado. Olvera acumula ya ocho medallas mundiales: dos de oro y varias de plata y bronce. En 2024, fue campeón mundial en trampolín de 1 metro en Doha, y medallista olímpico en París: plata por equipos sincronizados junto a Juan Manuel Celaya y bronce en individual.
Juan Celaya, su pareja en sincronizados, también forma parte de esta nueva generación dorada. Ambos lograron en Guadalajara el primer oro mundial para México en clavados sincronizados desde 3 metros, con 430.23 puntos, superando a China y a Gran Bretaña en el podio. Junto a ellos, Alejandra Estudillo, Gabriela Agúndez, Randal Willars, Kevin Berlín y las jóvenes gemelas Mía y Lía Cueva contribuyeron al impresionante medallero azteca en Singapur.
La entrenadora Ma Jing, al mando del grupo, ha sido clave en este proceso, guiando a Olvera y a las generaciones que han cosechado títulos desde 2009 con Paola Espinosa hasta hoy.
Osmar Olvera ya mira hacia el futuro con ambición: “Este oro me impulsa para seguir peleando con los chinos”, declaró tras la competencia. Y es que su próximo objetivo está claro: llevar la gloria del trampolín individual a México en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
En resumen, Olvera no solo venció a los mejores; se convirtió en símbolo de una nueva era del deporte nacional. Su precisión, temple en la presión y capacidad de remontada lo consagran como el nuevo emperador de los clavados para México.











